Rajoy y los noruegos

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Mariano Rajoy, como buen gallego, se siente a gusto en esos territorios indeterminados en los que ni se va ni se viene. Ignoro por qué lo gallegos tienen esa peculiaridad. Tal vez sea por la acumulada inmigración sobre sus espaldas, que les hizo confiar más en los trayectos que en la dirección final de sus destinos. O su condición de habitantes del Finisterre, ese confuso espacio de encuentro entre lo que empieza y lo que termina que desorienta nuestros sentidos. Lo cierto es que, sea la causa que sea, los gallegos son así y Rajoy no iba a ser la excepción.

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