De la moción de censura a la loción de ternura

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Es bien conocida la afición que Zeus tenía por el transformismo a la hora de dar rienda suelta a sus inclinaciones calenturientas. Ignoramos si Ángela Merkel fue la última encarnación de la máxima autoridad del Olimpo, pero es sabido que la divinidad griega ya logró en una ocasión secuestrar a Europa convertido en un toro. Del mismo modo, la hermosa Leda fue sorprendida por el sicalíptico dios transformado en cisne y aunque no sabemos muchos detalles de aquel inesperado encuentro a orillas del río Eurotas, la buena muchacha salió de aquel incidente poniendo algún que otro huevo.

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Rajoy y los noruegos

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Mariano Rajoy, como buen gallego, se siente a gusto en esos territorios indeterminados en los que ni se va ni se viene. Ignoro por qué lo gallegos tienen esa peculiaridad. Tal vez sea por la acumulada inmigración sobre sus espaldas, que les hizo confiar más en los trayectos que en la dirección final de sus destinos. O su condición de habitantes del Finisterre, ese confuso espacio de encuentro entre lo que empieza y lo que termina que desorienta nuestros sentidos. Lo cierto es que, sea la causa que sea, los gallegos son así y Rajoy no iba a ser la excepción.

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La inmortalidad

bergmanLa prueba definitiva de que la Navidad ablanda los corazones es que hasta el PP ha encontrado un hueco estos días para preocuparse por los problemas sociales. Pero no por cualquier problemilla de poca monta como la precariedad, la pobreza o las desigualdades. Esos no son más que excusas improvisadas por perroflautas para malmeter contra las acertadas recetas económicas que dios nos manda, como pedagógicamente diría nuestro presidente Rajoy. No, los populares no son amigos de andarse por las ramas y puestos a señalar problemas sociales prefieren ir a lo fundamental. A la madre de todos los problemas, vamos. Y esa no es otra que el envejecimiento de la población. Sigue leyendo

Rajoy y los monstruos

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Grabado de los hermanos Colloreto de 1654

El Barroco fue un tiempo de excesos, de teatralidad, incluso de sobreactuación. No sorprende por ello que las crónicas nos den cuenta de la curiosidad y el interés que despertó en aquella Corte la visión de lo monstruoso, extraños seres que no eran sino pobres diablos a los que la vida no dejaba más alternativa que la de sobrevivir exhibiendo sus malformaciones o su enfermedad. Enanos, obesos, gigantes, mujeres barbudas y deformes conformaron así una desdichada legión de miserables condenados a mendigar unas monedas por las calles o, si el azar se ponía de su lado, atraer la atención del monarca y los cortesanos.

Entre ellos destacaron allá por 1629 los hermanos Lázaro y Juan Bautista Colloreto. Habían nacido en Italia. El primero era de facciones hermosas, de cabellera rubia y rizada. El segundo, por el contrario, presentaba un aspecto mortecino, sus ojos permanecían cerrados, era incapaz de oír, ver ni oler, apenas tenía movilidad, le faltaba una de las piernas, exhalaba halitosis y de su boca no cesaba de manar una desagradable espumilla. Por si fuera poco, estaba adherido a su hermano por el pecho. Este extraño caso de siameses no solo desató admiración en la Corte, sino un interesante debate teológico sobre si los Colloreto tenían una o dos almas y en consecuencia si debían de ser bautizados independientemente por cada una de ellas.

La lluvia que se nos avecina

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Gene Kelly en una escena de “Cantando bajo la lluvia” (1952)

La lluvia tiene una carga dramática que nos sobrecoge. César Vallejo lo supo condensar hasta el estremecimiento con su premonitorio verso: “me moriré en París con aguacero”. Y en París también vimos a un Humphrey Bogart con las entrañas desgarradas, a los pies de la escalinata de un tren, huyendo de la invasión alemana mientras las gotas de lluvia iban borrando de una carta el adiós de una Ingrid Bergman a la que el destino, en la mítica escena de Casablanca, impedía acudir a la cita con su amante.

Los calzonzillos socialistas

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Felipe González reflexionando sobre el futuro del socialismo

El azar hace curiosas combinaciones. Esta vez ha querido que la misma semana hayan coincidido el estreno de El hombre de las mil caras de Alberto García y la mayor crisis en el PSOE que se recuerda. Una casualidad que permite enlazar los dos momentos más bochornosos de la historia de este partido: evocar las fotos de Roldán en calzoncillos mientras se ejecutaba el golpe chusquero ideado por Felipe González, Susana Díaz y Juan Luis Cebrián contra el acorralado Pedro Sánchez.

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