La androide que me amó

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El pasado viernes, Zheng Jiajia se sintió la persona más feliz de los más de 9 millones de habitantes de la ciudad china de Hangzhou. Y no era para menos pues se trataba del día de su boda. No es que fuese muy mayor, pero con 31 años a Zheng ya comenzaban a pesarle los continuos comentarios maliciosos de amigos y familiares que le auguraban una larga vejez de soltería, especialmente después de sus últimos desengaños amorosos. Se sabía retraído y no especialmente agraciado, así que la perspectiva de una vida en soledad era una obsesión que comenzaba a perseguirle en sus no menos solitarias noches. Por eso el viernes estaba exultante observando de reojo la felicidad de su madre o la alegría de sus amigos al ver desmentidas sus tristes predicciones. Y también, claro, gozoso de ver a su lado a la pequeña Yingying. Tan frágil, tan bella, cubierta por el pañuelo rojo que marca la tradición, tan decidida a pronunciar aquel definitivo sí quiero, como si aquellas dos palabras fueran las que dieran sentido a su vida. Cuando las escuchó Zheng se sintió el centro de aquella moderna urbe a orillas del río Qiantang. Más aún, el centro del mundo entero.

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Sobre dinosaurios y saltamontes

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Uno de los “saltamontes” del filme “¿Qué sucedió entonces?” (1967) de Rod Ward Baker

El pasado nos fascina, como nos fascinaba el futuro cuando existía. Tal vez esa sugestión resida en la libertad que nos otorga el interpretarlo, el reconstruirlo y, llegado el caso, reescribirlo a nuestro antojo. Una peculiaridad que, en cierto modo, compartía -cuando existía, claro- con el futuro, que siempre se mostraba abierto a los caprichos de nuestra imaginación. Por el contrario el presente acostumbra a ser más prosaico y nuestra relación con él suele asemejarse más bien con la que mantenemos con nuestras zapatillas de andar por casa, a las que nos acostumbramos por su cotidiano calor pese a la fealdad de su diseño afelpado.

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Cañizares y el silencio

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El cardenal Cañizares, arzobispo de Valencia.

En su última película, Scorsese nos presenta el conflicto interior de un joven jesuita portugués ante el silencio de Dios frente a la cruenta persecución religiosa en el Japón del siglo XVII. Una tormentosa vivencia de la fe que el protagonista experimenta en una realidad que le resulta extraña y le supera, una lucha íntima por la redención que acabará conduciéndole a la apostasía. Filme honestamente cristiano, Silencio reivindica la humildad de una búsqueda personal de la transcendencia que cuestiona la intransigencia religiosa tanto como la soberbia fanática de una fe inquebrantable. Sigue leyendo

La inmortalidad

bergmanLa prueba definitiva de que la Navidad ablanda los corazones es que hasta el PP ha encontrado un hueco estos días para preocuparse por los problemas sociales. Pero no por cualquier problemilla de poca monta como la precariedad, la pobreza o las desigualdades. Esos no son más que excusas improvisadas por perroflautas para malmeter contra las acertadas recetas económicas que dios nos manda, como pedagógicamente diría nuestro presidente Rajoy. No, los populares no son amigos de andarse por las ramas y puestos a señalar problemas sociales prefieren ir a lo fundamental. A la madre de todos los problemas, vamos. Y esa no es otra que el envejecimiento de la población. Sigue leyendo

La fallera monárquica y los protocolos

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Ilustración de Esther Méndez para el libro “La fallera calavera” de Enric Aguilar

Los disgustos, como los problemas, nunca llegan solos. Hace unos días nos despertábamos sobresaltados al conocer que los norteamericanos son racistas. Es verdad que día sí y día también nos desayunábamos con la noticia de algún policía de aquel país que decidía freír a tiros a alguno de sus compatriotas negros (o afrodescendiente, como dicen los políticamente correctos que ignoran que todo el género humano procede de África). Pero, bueno, achacábamos el caso a un exceso de celo profesional del agente ante la sospechosa actitud del ciudadano en cuestión de situarse delante del cañón de su pistola ignorante de que el tiro al blanco sí distingue colores. Hizo falta que eligieran a Trump para sacarnos de nuestro error. Qué disgusto.

Pero, como ya he dicho, estas decepciones nunca llegan solas. Así que ahora, justo cuando la Unesco tiene que decidir si reconoce a las Fallas como Patrimonio de la Humanidad, nos sorprenden unas recomendaciones de la Junta Central Fallera a las Falleras Mayores y su corte de honor que parecen más redactadas por el jefe de protocolo de Boko Haram que por una entidad cívica de un país democrático. Las fallas son machistas, qué disgusto. Sigue leyendo

El llanto de Moby Dick por las víctimas del Metro

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Beatriz Garrote en un acto de familiares de víctimas del accidente del Metro en Valencia

El explorador y aventurero norteamericano Jeremiah N. Reynolds zarpó en 1829 del puerto de Nueva York con el objetivo de alcanzar la Antartida. De entre las muchas historias recopiladas a lo largo de su periplo destacó una recogida durante su viaje de regreso frente a las costas chilenas. Era la noticia de un extraño cachalote blanco aparecido junto a la isla de La Mocha, acosado durante treinta años por los balleneros hasta sucumbir al arpón de uno de ellos. Reynolds relataría esta historia en 1832 en su artículo Mocha Dick o el cachalote blanco del Pacífico.

No resulta sorprendente que la gran ballena blanca apareciera precisamente en los alrededores de esta pequeña isla situado junto a la región de Biombí. De hecho, La Mocha era ya bien conocida por su condición de escala obligada para estos grandes cetáceos en sus travesías oceánicas. Era tal el número de animales que se congregaba en sus aguas que atraídos por el fenómeno los indígenas de la zona, los lafkenches, consideraron la zona un lugar sagrado desde donde las almas de los muertos partían en su viaje al más allá a lomos de una ballena. Sigue leyendo