Tierra de nadie


A fuerza de vivir a medio camino entre la globalización y la realidad virtual, hemos acabado condenados a deambular por una especia de tierra de nadie, de limbo geográfico donde afrontar el día a día. Espacio incierto al que ni la muerte parece poner perfiles definidos una vez apurado el último trago.

Es lo que le pasa a José Herrera, difunto tullido y desventurado, que espera desde hace semanas en una fría morgue valenciana que alguien decida cual es el destino final de sus incompletos huesos. Recaló con sus males en una residencia de Picassent, pero le atacó la definitiva en la habitación de un hospital de Valencia. Ahora, ni unos ni otros quieren hacerse cargo de sus incompletos huesos, o lo que es lo mismo, del gasto que supone lanzarlos a una fosa común.
Y es que ya no queda espacio físico ni para la muerte. En Guanajuato hicieron de ello virtud cuando descubrieron que aquella tierra, tan buena para las fresas en la vecina localidad de Irapuato, no lo era menos para los cadáveres en tránsito a mejor vida. El entusiasmo con que los visitantes gringos contemplaban aquellos cuerpos tan bien conservados, les animó a ir vaciando sus nichos para dejar paso a nuevos inquilinos, haciendo de sus anteriores moradores piezas valoradas de su museo de Momias.
Claro que en ocasiones la vida se encarga de destrozar tanto al últimado que no se le deja opción al terruño para obrar el milagro de la conservación. Siempre en tierra de nadie. Como a ninguna parte conducía la carretera que veintidós trabajadores afganos estaban construyendo para el ejército norteamericano en la hermosa región sureña de Nuristán. Descansaban en sus endebles tiendas cuando un avión norteamericano decidió que ya habían llegado demasiado lejos y les reventó el sueño con bombas inteligentes.
También Larami y Moushin vivían en ese agujero negro que son los banlieue, los barrios periféricos, hasta que su motocicleta se empotró contra aquel coche policial. Ahora Viliers-le-Bel arde de nuevo, espontáneo, marginal, salvaje. Mientras las fuerzas antidisturbios le recuerda que sólo son tierra de nadie.
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