De bolsas y burbujas


Ricky -el joven inadaptado que interpretaba Wes Bentley en American Beauty– consideraba que el vuelo de una bolsa impulsada por el viento era la imagen más bonita que había filmado jamás. La escena era de una sencillez conmovedora. Aquel baile se transformaba en una suerte de metáfora de la vida, con su fragilidad de plástico arremolinada entre hojarasca, irremediablemente  condenada a chocar contra un muro. Una barrera de ladrillos que intensificaba la fuerza del momento al frustrar una de nuestras fantasías más primarias: el movimiento libre impulsado por el soplo del aire.

Esta ensoñación explica el irresistible impulso que sentimos ante un diente de león, esa tentación por soplar sus voladoras semillas en busca de nuestra suerte. Pero también consigue dotar de sentido a esa extraña atracción que, al igual que la bolsa de Ricky, nos provocan las burbujas de jabón con su ascender ingrávido, su transparencia de arco iris y su flotar sin rumbo. No sorprende, en fin, que fuese precisamente abrazado a una gigantesca pompa como, abordo de aquellos globos aerostáticos mecidos por las corrientes, el hombre aprendió a volar .

Pero, con todo, lo que más nos fascina de las burbujas de jabón no es tanto su travesía sinsentido, como su inevitable inconsistencia. Porque, en el fondo, su explosión última viene a recordarnos en su húmeda evaporización lo que ya nos advirtió Carlos Marx: que todo lo sólido se desvanece en el aire. Un fenómeno del que dan buena cuenta las numerosas burbujas –inmobiliaria, financiara, tecnológica, bursátil-  que en los últimos tiempos han estallado a nuestro alrededor.

En cualquier caso, pese a su ineludible destino, seguimos obsesionados por crear y perseguir nuevas pompas de jabón, esferas transparentes que arrebaten nuestra imaginación. Por ello soplamos con cuidado la espuma para engrandecerlas. Así, hoy nos dejamos llevar por la burbuja Barack Obama que nos trae la buena nueva de que acabará con el terrorismo, bajará los impuestos y ejecutará a los violadores. Y mañana nos dejaremos seducir por la burbuja de José Luis Rodríguez Zapatero, Nicolas Sarkozy o Horst Köhler, empeñados en reconducir la crisis ética del capitalismo con dos padresnuestros y un avemaría laicos y bendecidos por la banca.

De este modo nos pasaremos la vida persiguiendo burbujas. Al menos  hasta que nos exploten en la cara. O hasta que por fin asumamos, de una vez por todas, que las únicas pompas definitivas son las pompas fúnebres.

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Un comentario sobre “De bolsas y burbujas

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  1. Hola José Manuel,
    Vengo a buscar un poco de ternura en este otro lado del paraíso…
    Me siento muy identificada con esta bolsa de plástico que baila al ritmo y al capricho del viento y choca una y otra vez contra este muro…
    Y cuantas pompas de jabón me han explotado a la cara… Pero aún no quiero pensar en las últimas que nombras aún no, José Manuel, quiero seguir bailando aúnque sin rumbo fijo… ¿Me acompañas?

    Un beso tierno…

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