Mugongowazi o el hombre comiendo hombre


BMKO 23.XII.95 Miquel Barcelo

Durante años el sustento para los habitantes ribereños del Lago Victoria se llamaba mugongowazi. Con esta expresión suajili -que en castellano podríamos traducir por espalda abierta o descarnada- se aludía a la cabeza y las espinas de la perca del Nilo, único alimento que resultaba asequible para miles de ugandeses, kenianos y tanzanos. Era el desperdicio último del suculento negocio de este pez, voraz destructor de la biodiversidad del lago y uno de los principales productos para las estanterías de los grandes supermercados europeos, como mostró Hubert Sauper en su espléndido documental La pesadilla de Darwin.

Era un desperdicio asequible para los lugareños… hasta ahora. Porque si la perca del Nilo acabó por exterminar a las especies autóctonas, la sobreexplotación pesquera ha terminado cerrando el círculo para situar bajo mínimos su hasta ahora hegemónica presencia. Hoy, con los precios disparados por la escasez, todo se aprovecha por la industria exportadora: los filetes de sus lomos para las mesas en recesión macroeconómica de Barcelona, Londres o Berlín; el mugongowazi para alimentar los mercados de Kinshasa o Jartum, en crisis perpetua.

BMKO 23.XII.95 Miquel Barcelo

De este modo, las cálidas orillas del Lago Victoria se quedan sin nada más que la desesperación por seguir pescando, echando las redes en unas aguas ya expoliadas. Al precio que sea, con artes ilegales o, en última instancia, encomendándose a los arcanos secretos de la brujería puestos así al servicio de la globalización. Misteriosos conjuros como esos que aseguran que el cabello de un albino atado en las redes atrae a la pesca. Otros van más lejos. Están convencidos de que estos desdichados hombres y mujeres, condenados al cáncer de piel en las tórridas tierras de la sabana africana, cautivan la fortuna.

El mito del progreso y la prosperidad se adentra de este modo hasta las esquinas del infierno. Bien lo supieron los padres de la joven Vumilia Makoye cuando contemplaron horrorizados como mutilaban su cuerpo de diecisiete años para hacer con sus miembros lucrativas pócimas con las que conjurar la riqueza. Bien lo sabe cada día Samuel Mluge cuando se presiente la víctima potencial de una cacería cada vez que un automóvil se detiene frente a su casa. Pavor cotidiano que ya alcanza magnitudes de estadística: cuarenta albinos, según los datos oficiales, han sido asesinados en los últimos meses para comerciar con sus piernas y cabezas hechas ungüento o bebedizo. Otros hablan de 60. Los desaparecidos cuyos cuerpos no se han hallado no se contabilizan.

BMKO 23.XII.95 Miquel Barcelo

Sus historias pasan desapercibidas entre los vaivenes de Down Jones. Pocos de quienes descubran su tragedia entre las páginas de algún diario, podrán evitar el espanto ante la barbarie primitiva. Aunque, tal vez, no sea tan primitivo. A fin de cuentas hace mucho tiempo que nos advirtieron que para el sistema todo, desde el mugongowazi hasta los muñones, es mercancía.

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6 thoughts on “Mugongowazi o el hombre comiendo hombre

  1. José Manuel,
    Aún estoy bajo el impacto de haber visto los 11 capítulos de “La pesadilla de Darwin” Gracias a tu Entrada…

    desde el primer capítulo se van sucediendo los siguientes sin necesidad de clickar..

    Cada Capítulo más terrible el uno que el otro.
    He estado tomando apuntes mientras visionaba, pensaba escribir un comentario con cada uno de ellos pero hubiera sido larguísimo. Pensaba comentar todo tu Post, excelente como siempre…

    Pero sólo repetiré lo que comenta en el último vïdeo un ex-piloto despues de descargar armas en Angola fue a cargar uvas para Europa, en fechas Navideñas ” Los niños de Angola recibieron armas para navidad, los niños Europeos comieron uvas para navidad” y se calló, no pudo seguir hablando…

    África es fuente de vida y riqueza para Europa, en alimentos, en mano de obra… Europa es muerte para África, les deja hambrunas y armas…

    Siento vergüenza de haber nacido en este continente… de tener estos gobernantes complíces de todo ello…

    Un abrazo, José Manuel, hoy tengo angustia de haber vuelto y visto (a) esta realidad…

  2. Hola José Manuel, hola Selma,

    creo que no picaré el link de la “Pesadilla de Darwin”, creo que no quiero en estos momentos sentir tanto sufrimiento, ira y enfado y, sobre todo. tanta impotencia. No quisiera resultar banal, pero justamente anoche vi “diamantes de sangre”, que nos muestra otra cara de la cruda realidad del continente africano, y como Selma, verguenza siento de estar a este lado del mediterraneo. No hay adjetivos para describir lo que les ocurre a los niños que son secuestrados para convertirse en soldados.

    Como siempre, y dentro de esta desazón, agradezco no reconocerme en el término “hombre”… eso me hace llevar un poquito mejor mi auto-indignación.

    Un abrazo, Rebeca

  3. Estimada Selma:
    Es comprensible la angustia, pero de nada nos sirve este sentimiento si no aprendemos a convertirlo en rabia y ésta en rebeldía.
    Un beso

  4. Hola Rebeca:
    No hay banalidad. La película es muy interesante y aporta una visión compleja a una realidad compleja, superando esa superficialidad que suele acompañar los títulos de Hollywood que incluyen grandes estrellas. Realmente es dificil encontrar adjetivos para los sufrimientos de los niños soldados en los conflictos y, también, coincidirás conmigo, con todas esas niñas que ni siquiera llegan a ser argumento de una película de denuncia.
    Un beso

  5. Vi las noticias sobre los ataques a albinos, y me dejaron sobrecogida. En ese momento pensé que parecía mentira que eso estuviera pasando en el mismo mundo, al mismo tiempo. Pero me gusta tu visión donde se ve que realmente ambos mundos son caras de la misma moneda.

  6. Sí, creo que son las dos caras del mismo mundo. Sin embargo, se empeñan en presentarlo como algo extraordinario y extraño a nosotras para reconfortarnos en nuestra cotidianidad conformista. Eso sí, con perca del NIlo como segundo plato en nuestras mesas. Muchas gracias por tu visita y espero que no sea la última. Un saludo.

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